miércoles, 21 de enero de 2009

Electro"Doméstico"

La familia se reunía siempre en torno a lo mismo.
Desde que el padre dejó de llegar a la casa, el vacío era profundo.
El Televisor se movía, los hipnotizaba a todos.
Hacía dormir al bebe con sus canciones de cuna, entretenía a Francisca con los programas juveniles y complacía a la madre en la censurada franja nocturna.
Cada sábado los reunía a todos con una cada vez más vacía entretención.

El aparato bailó, protegió y también hizo parecer todo armonioso incluso cuando no lo era.

Todo esto duró diecisiete años.
Hoy sabemos que era un secuaz más de la época negra.
Y lo más triste es que el Televisor nos sigue bailando e hipnotizando en el momento en que más creemos ser libres.

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